Todos somos hijos


Esta frase, que no es propia, me inspiró a escribir este artículo, desde la postura de un ser que recibió la vida, de la unión de dos pilares (Padre y Madre) cada uno de los cuales tendrá un rol específico y  una energía característica para el resto de la vida.  La madre en su rol de crianza y educación de valores; el padre, por su parte, en su rol de proveedor y protector.

Independientemente de que los roles sean compartidos o que los padres no convivan juntos, cada uno entrega lo mejor de sí en cada acción, con las herramientas que conoce y que inconscientemente adquirió durante su crecimiento como hijo.  Sin embargo, muchas veces se contradice esa INTEGRIDAD que queremos mantener presente en nuestra vida.

Cuando obramos distinto de lo que desearíamos

¿A cuántos de nosotros se nos ha escapado un grito o reacción agresiva y violenta frente a alguna situación con nuestros hijos?

¿Cuántos de nosotros nos hemos cuestionado, pensando no ser buenos padres, al ver la reacción espontánea de nuestros hijos ante situaciones en público, que nos pueden avergonzar?

¿Cuántos de nosotros mantuvimos la calma y supimos qué hacer ante la primera pataleta de llanto y grito en público de nuestros hijos?

Al saber que, desde la consciencia “políticamente correcta” de ser un guía y mentor en la vida de nuestros hijos, darles lo que creemos que es lo mejor para ellos -brindarles educación de primera, experiencias de crecimiento en diversas actividades extracurriculares y formar seres educados y con valores cívicos-, mientras que al mismo tiempo, desde la profundidad de nuestros patrones y creencias, tenemos o hemos tenido otras experiencias diferentes a ese marco conductual “políticamente correcto”, nos permite entender que, antes que PADRES fuimos HIJOS.  Como nos criaron, nosotros criamos y formamos valores; como nos regañaron, lo hacemos nosotros también.

Queremos que nuestros hijos sean: felices, educados, puntuales, exitosos, agradecidos, respetuosos, alegres, cariñosos, con rendimiento escolar sobresaliente, responsables, creativos, que les guste leer, comunicativos, que confíen en nosotros, que coman sano, que administren bien su tiempo entre la TV, el PS4, las tareas y responsabilidades del hogar. …Y muchísimas cosas más

Somos ejemplo

En este punto yo pregunto ¿Tú eres todo eso? ¿Lo vives y experimentas diariamente en tu vida? Ya que para nuestros hijos los padres son sus pilares y ejemplo a seguir; más allá de las palabras, charlas, reuniones familiares y discursos que tengamos con ellos, el ejemplo es el que los forma en su estructura inconsciente de grabar la información en su cerebro, en forma de memorias y recuerdos.

Durante los primeros siete (7) años, se crean las estructuras de pensamiento para ver, analizar, comprender y reaccionar ante las diversas situaciones de nuestra vida.  Y esto lo forman nuestros padres. Estos patrones están asociados a nuestros sentimientos y EMOCIONES; es decir, lo que sentimos en una situación determinada quedó grabado en nuestro sistema. Ocurre siempre, nuestra admígdala cerebral es el principal Núcleo de “Control” de las emociones: sorpresa, miedo, angustia, afecto, cariño, alegría, excitación; que sentimos en el día a día, con cada estímulo externo o interno, en cualquier interacción, con nuestro entorno o con nosotros mismos, a través de nuestros pensamientos y diálogos internos.  Quiere decir esto que, cada minuto, cada segundo de nuestra vida está asociado a una emoción;

Si nuestros patrones están creados desde esos primeros años y luego se van incorporando nuestras experiencias, la cultura y costumbres de los lugares donde vivimos, para dar paso a nuestra visión de vida, nuestros SENTIMIENTOS y EMOCIONES durante esos primeros años son un marco que después reflejamos como adultos.

Cambiando patrones

No todos somos padres, pero todos sí somos hijos… Todos estuvimos en el lado de la moneda de recibir las estructuras y patrones de nuestros padres.

Tomar consciencia de los patrones que traemos, cómo es nuestra comunicación intrafamiliar, la confianza de nosotros mismos, el respeto, la consideración, el cumplimiento de normas, el establecimiento de hábitos, nos permite cambiar como HIJOS. Nosotros recibimos patrones en un momento, tal vez perfectos para el momento y la realidad en la que los vivimos y nos formamos, y/o porque fueron la base que conocían y tenían nuestros padres.  Pero la actualidad nos pertenece, y en este presente dinámico ese niño herido tiene herramientas a su disposición para cambiar los patrones de formación y crianza.

El desarrollo y evolución personal es responsabilidad de cada uno de nosotros; y las heridas, emociones almacenadas y diversos patrones tóxicos, los podemos sustituir. Muchos hijos sobreprotegidos, abandonados, abusados, deprimidos, controlados, agredidos, tienen identificadas las heridas que la amígdala cerebral registró y guardó en sus memorias.

Estas memorias emocionales hacen gala de su presencia en cualquier momento y cualquier situación, porque están allí guardadas en nuestro inconsciente desde esa estructura inicial de nuestros primeros años.

Ante un jefe que no valora un arduo trabajo por algunas correcciones, se dispara la emoción de tristeza o frustración guardada cuando alguno de nuestros padres no reconoció algún trabajo escolar realizado con mucho esfuerzo.  Ante una pareja que trabaja hasta tarde, se siente el sentimiento de abandono guardado en nuestras memorias infantiles, cuando papá o mamá no estaban en el momento que sentíamos que los necesitábamos y no estaban para nosotros, por atender a algún hermano o estar trabajando.

Pudiera comentar muchas emociones asociadas a los patrones de nosotros como hijos que se reflejan diariamente y que están allí desde nuestra crianza y que muchos de ellos, inconscientemente los pasamos a nuestros hijos.
Comprender que todos somos hijos es comprender que nuestras estructuras formadas no las escogimos desde el consciente, pero están allí y muchas no nos hacen felices en nuestra vida.

La Neurociencia identificó precisamente cómo es este sistema en nuestro cerebro y cómo podemos reestructurar patrones. Con el entrenamiento cerebral adecuado decidimos nuestros patrones de conducta al día de hoy, sin condicionamientos que no sean los elegidos conscientemente por nosotros y brindar a nuestros hijos la estructura que para el día de hoy consideramos la más positiva.

Hagamos uso de los avances de la ciencia, para incorporar cada día evolución a nuestra vida.  Así como podemos reprogramar nuestros patrones y creencias, podemos esculpir en el cerebro de nuestros hijos patrones y creencias positivas, utilizando herramientas científicas; acompañado de nuestra guía intrínseca. Así que aunque no todos somos padres, todos si somos hijos y podemos en la actualidad experimentar de forma enfocada nuestra plenitud y bienestar; sin atender a patrones automáticos.
 
 
ProIDEhA
 

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