El Mito de ser Padres Perfectos


Socialmente existe una regla tácita que exige a los padres ser personas equilibradas, serenas, sabias, calmadas, imperturbables, que jamás pierden la compostura, que deben tener el control de toda situación para no mostrarse frágiles, débiles o vulnerables.  Es un mito: el mito de ser padres perfectos.

Seguramente ya habrás sonreído al leer esta descripción de “padres” y  recordado algún estallido que hayas tenido en los últimos días producto de la desesperación, motivado quizás por alguna pataleta de tu hijo en un lugar público, o alguna frase dicha por tu hijo a algún vecino poniendo en evidencia “cosas privadas” que se dicen en casa, o tal vez has recibido las notas bajas de tu hijo o lo has sorprendido llegando a casa con alguno de esos cortes de cabello “extraños” típicos de la adolescencia. En fin, ellos saben sorprendernos causándonos algún intenso movimiento emocional que, con frecuencia, nos sacude el “Hulk” que llevamos por dentro haciéndonos sentir verde por dentro pero disimuladamente serenos por fuera.

Relacionarnos con nuestros hijos desde este Mito de la paternidad perfecta, mostrándonos ante ellos siempre serenos e inmutables,  hace vernos falsos, incongruentes y termina anulando la propia humanidad. Pretender ser perfectos, además de ser desgastante y frustrante para nosotros, se convierte en una “actuación” donde nos volvemos falsos, perdiendo la oportunidad valiosa de ser referentes “humanos” y confiables para nuestros hijos.  Un padre que, estando enojado, pretende demostrar tranquilidad, deja a su hijo desconcertado. Los niños son altamente empáticos y, antes de que incluso nos demos cuenta de la rabia o el desagrado que tenemos, ya ellos saben cómo nos sentimos, ellos se conectan rápidamente con las emociones propias y las de los padres, dejándonos en una posición de falsedad si mostramos incongruencia entre lo que sentimos, decimos y hacemos. 

Como dice Thomas Gordon en su libro “Padres Eficaz y Técnicamente Preparados” (P.E.T): 
“Cuando las personas se convierten en padres, sucede algo extraño y desafortunado, empiezan por asumir un papel… Ahora que han entrado en el reino sagrado de la paternidad sienten que deben ponerse el manto de “padres”… esta transformación es desafortunada porque, a menudo, resulta que a los padres se les olvida que son seres humanos con errores, personas con limitaciones, personas verdaderas con sentimientos verdaderos… se les olvida que son seres humanos… ya no se sienten libres de ser ellos mismos” 

Muy lejos de ser padres e hijos de cuentos de hadas, somos seres humanos. Un padre o una madre que se permite manifestar el estar enojado y da sus razones, se conecta con la humanidad propia y la de su hijo. Cuando nos conectamos con nuestras emociones, las aceptamos y las comunicamos nos volvemos auténticos y, al mismo tiempo damos el permiso a nuestros hijos para que también las manifiesten. 

Aprender a ser asertivos, a comunicar de forma consciente y congruente lo que sentimos en el momento justo y sin herir o perjudicar a otros, nos permitirá ser padres más cercanos, evitando el acumular rabias que exploten en una “pataleta adulta” llena de ofensas y maltratos, dañando las relaciones con los hijos y en la familia.

Cierto que aprender nuevas habilidades de comunicación más sanas no es cosa fácil y, además, lleva tiempo, pero tanto nosotros como nuestros hijos y nuestra familia se merecen hogares auténticos, cercanos y confiables que nos permitan ser como somos y crecer a partir de relaciones sanas y enriquecedoras.

No somos un mito, somos una realidad.  No somos perfectos, somos humanos… sólo nos toca practicarlo.

Larissa Nobile Castro                                                                                         
larissa.castro@padresactivos.com.ve





 

Etiquetas: padres, crianza

Agregar comentario


Note: HTML no es traducible!

PanamaParaNinos - Copyright 2013 - All rights reserved!