Los abuelos, los padres y los niños

La necesidad de los vínculos familiares se deriva de que precisamos definir nuestros orígenes; pues el sentido de pertenencia nos ayuda a comprender y aceptar quienes somos.  Muy a pesar de que, con el tiempo y el desarrollo personal, vamos surcando nuestros destinos a través de las decisiones que tomamos, esos vínculos nos brindan seguridad.  Las personas somos similares a las plantas, necesitamos tener raíces y, como a ellas, nos nutren!
 
Aunque hay innumerables tipos y circunstancias de familias; los nexos familiares son fundamentales, y en gran medida se alimentan del  profundo anhelo que tenemos de ser amados por esas personas a las que llamamos familiares; pues pensarnos amados e importantes para ellos nos brinda fortaleza para enfrentar la vida y el mundo con sus retos e inequidades.  Pero no menos digno de acotar es el hecho de que también necesitamos amarlos.
 
Dedico estas líneas a los abuelos, de cuán importante es que promovamos y cuidemos una relación entre ellos y nuestros hijos; y de la saludable influencia de ese contacto, a pesar de la relación que hayamos tenido o tengamos con los abuelos o de quienes sean ellos.
 
Nuestros padres o criadores probablemente cometieron muchísimos errores en nuestra formación; depende de nosotros usar ese precedente como guía o como sentencia para juzgarlos y apartarlos.  Requerimos consciencia de que somos humanos imperfectos, de que aún teniendo nuevas y modernas herramientas y conocimientos, estamos en permanente ensayo y error, que también nos sentimos cansados, confusos y agobiados, y que muchísimas veces no sabemos qué hacer!  No está demás preguntarnos: cuando seamos nosotros los abuelos, ¿cómo nos gustaría ser tratados?
 
A veces somos impacientes con los abuelos.  Los miramos, en ocasiones, con un dejo de compasión; como si la vejez mereciera condescendencia, por repetir mil veces el mismo cuento, por olvidar dónde dejan las cosas o por sus conductas obstinadas.  Otras veces, hasta nos ponemos a la defensiva para defender nuestro derecho exclusivo y autoridad absoluta sobre nuestros hijos, considerando a los abuelos imprudentes o irrespetuosos por inmiscuirse en la crianza que les damos o por opinar en los asuntos referentes a ellos.
 
Los niños que tienen la dicha de tener abuelos y que se interesen por ellos; es decir, por compartir tiempo con ellos, por participar en su vida y opinar, en base a sus experiencias; merecen también padres que hagan justo aprecio de sus intenciones, discriminando lo positivo de lo negativo, con miras siempre al bienestar superior de los niños.  Las polémicas por estos temas son sumamente dolorosas, principalmente para los niños; pues por su inmadurez no son capaces de comprenderlas y, muchas veces, quedan en medio bombardeados y presionados por una o ambas partes.
 
Muy triste es, por ejemplo, cuando las relaciones entre padres y abuelos es difícil, distante o tensa, por resentimientos del pasado o por mala comunicación; los niños terminan severamente afectados, como objeto del conflicto; o privados del contacto con sus abuelos; o hasta siendo utilizados, por los padres, como castigo a los abuelos,  por sus fallas.
 
Debemos pensar bien, nosotros, los padres, la generación “del medio”; pues somos llamados por nuestra juventud, nuestra energía, el pleno uso de facultades y  capacidades, nuestra madurez de adultos y, lo más crucial, porque somos la generación con la  ventaja del total y permanente acceso a la información.  Por lo tanto, son menos los argumentos para excusarnos y más amplias nuestras posibilidades.
 
Démosles respeto
Seamos respetuosos con los abuelos, escuchémosles sin reaccionar, meditemos sus comentarios. Al final, será siempre nuestra decision; si sus opiniones las consideramos equivocadas, para nosotros no habrá diferencia, pero para ellos será significativo el haberlos tomado en cuenta.  No los excluyamos de la vida de los niños, como penalización porque no satisfacen nuestras expectativas como abuelos…  Aceptémosles y respetemos la forma en que manifiestan su amor a nuestros hijos, aunque sintamos que no es suficiente o que debería ser distinta.
 
Si no son muy afectivos o no muestran mucho interés en sus nietos, igualmente enseñemos a nuestros niños a amarlos, hablándoles de ellos;  y al menos de vez en cuando, aunque la visita dure minutos, vayamos con los niños a verlos.
 
No abusemos
Con los abuelos que se desviven por amor a sus nietos y apoyo a los hijos, no seamos abusivos, no les carguemos con la responsabilidad del cuidado de nuestros hijos, para nosotros vivir nuestra vida o cumplir nuestras metas; semejante comodidad es  cruel e injusta.  Nuestros niños son nuestra responsabilidad, no de los abuelos, merecen que nos dediquemos a ellos, no nos pidieron ser sus padres y tampoco decidieron nuestro pasado.   Seamos considerados; si sentimos ya el cansancio y el peso de los años, ¿cómo han de sentirse los abuelos?
 
Los extremos son malos siempre: ser los hijos más independientes y actuar como si los abuelos están de más, es tan nocivo como ser los hijos eternamente adolescentes que descansan en la espalda gastada y cansada de los viejos!
 
Por los niños
Quiero hacer mucho énfasis en que mi perspectiva atiende, principalmente, a la necesidad de los niños.  Dejando de juzgar al suegro, llevando a los niños a ver a la suegra, permitiendo la participación de la abuela (o dándole su merecido descanso) y haciendo esa llamada eventual al abuelo; estamos haciendo un acto de amor en beneficio de nuestros hijos.  Nuestros hijos NECESITAN AMAR Y SER AMADOS, no solo sentir nuestro amor y correspondernos, también necesitan dar y recibir amor de sus abuelitos!
 
Enseñemos con el ejemplo, sembrando amor en el corazón de nuestros hijos a sus abuelos; permitamos que ellos encuentren también el amor en sus abuelitos, que creen sus propios lazos… ¡dejemos al amor hacer su obra!
 
Por:  Nelva Ramos Torres.
nelvaramos@yahoo.com
 
 
Este artículo ha sido escrito por Nelva Ramos Torres y está protegido por las leyes de derecho de autor.  Las opiniones plasmadas son responsabilidad exclusiva de la autora

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