Reconocimiento a la valentía

La maternidad para mí no era una posibilidad: yo padecía una condición que dificultaba la concepción.  Varias amistades, viviendo circunstancias similares, habían intentado todo en su ferviente deseo de experimentar la llegada de un bebé y convertirse en una familia.  La mayoría de ellas habían sufrido mucho con las fertilizaciones asistidas fracasadas, embarazos no retenidos, tratamientos infructuosos y un sinnúmero de costosos intentos que sólo les habían devastado; por eso, habíamos decidido no tomar estas opciones y en cuanto a la adopción, no había consenso entre nosotros, así que estaba descartada.
 
No tenía idea de qué era la maternidad, con familia escasa, no lo viví de cerca.  Pocas amistades tenían hijos, era un mundo desconocido; y lo desconocido asusta.  Me resigné a la imposibilidad y, confieso, sentía un cierto alivio, pues empecé a alimentar dicha resignación con ideas negativas sobre la maternidad (¡qué  juego sucio hace el miedo!); entonces, me decía, que pudo ocurrirme tener un bebé con algún grado de compromiso o dificultad y que eso sería terrible, tal vez, era mejor así, evitándome el riesgo... ¡que miserable consuelo!
 
Pero la vida me ayudó a comprender e identificar mi fantasma sobre el tema, el TEMOR a verme privada de la experiencia de la maternidad, al embarazo, al parto, a la llegada del bebé, a no ser apta para la labor de madre, a no estar preparada, a que el bebé pudiera tener alguna condición que hiciese las cosas aún más complicadas para mí, ¡a todo!  Así mismo, me recordó, lo inútil y desgastante que es el miedo, y que lo que corresponde es descansar en la paz del amor que te levanta, fortalece y guía.
 
Mis hijas nacieron sanas, no obstante, con el tiempo se presentaron para cada una ciertas necesidades que requirieron atención; nadie está exento, ni es el fin del mundo, cuando sabes tus alternativas; y tuve la oportunidad de conocerlas.  En el transcurso de esos periodos, tuve la fortuna de tratar personas interesantísimas y gracias a ellas y a sus experiencias, aprender muchísimo, abriéndome a nuevas perspectivas.
 
Conocí todo tipo de profesionales de la salud dedicados a distintas ramas y disciplinas;  algunos con una impresionante vocación y entrega, que hacen hasta docencia con los padres; otros, definitivamente, menos.  Comprendí que hay terapias y atenciones que apremian y urgen; otras que son necesarias y otras que no lo son; que hay cosas que requieren atención inmediata, mientras otras sólo necesitan tiempo, desarrollo y madurez del niño(a); que hay definitivamente señales, que no se pueden ignorar y debemos buscar ayuda; sin embargo, otros temas lo que ameritan es nuestra paciencia.  Aprendí de la práctica, más allá de la teoría, que todos somos diferentes, de igual forma nuestros hijo(as), no debemos compararlos ni permitir que el mundo lo haga!
 
Admiré profesionales que trabajan hacia la meta de lograr que su pequeño paciente avance prontamente; vi a otros llevarlos muy, muy lento, arrastrando al niño y a sus padres en un proceso extenuante y costoso.  Otros que, pese a su mejor intención de lograr rápidos progresos en su pacientito, la necesidad del mismo, ameritó años de constancia y dedicación, de todos los implicados.  También aquellos que les dijeron a los padres que podían solucionar “todos los problemas de sus niños(as)” (aun siendo interdisciplinarios) desperdiciando el tiempo del niño(a) y el dinero de los padres.
 
Conocí nuestro sistema escolar, cada vez más implacable, intolerante y encasillador, que sin consideración ni paciencia, presiona al estudiante, por un lado y por el otro, recarga y exige a los padres de familia que asuman el afán de lograr que sus hijos(as) vayan “al mismo nivel de los demás”; acosándoles hasta forzarlos, primero a obtener prontamente un “rótulo”  (diagnóstico) y luego a procurarles la “atención” que requieran  para lograr “tal objetivo”.  Observé a algunos ceder a la presión y terminar pagando innumerables consultas de profesionales y múltiples servicios terapéuticos,  consecuentemente, desgastados económicamente y sus niños(as) cansados y sobrecargados.  Otros, se resistieron a la voracidad del sistema y  audazmente, llevaron sus hijos(as) hacia otras opciones educativas donde recibieron tratamiento más humano y respetuoso hacia sus necesidades, capacidades y potencialidades particulares; y ellos avanzaron!
 
Estuve frente a padres en total negación de la condición de sus hijos(as) y en tal sentido, dificultaron su avance por la falta de aceptación y voluntad de enfrentarla; incluso, casos en que los dos no compartían la misma opinión, empeorando la situación del menor y haciendo difícil a aquel que sí la aceptó, girar solo la rueda del esfuerzo para ayudarle.  Otros que, aun, ambos conscientes, no lograban ponerse de acuerdo en cómo manejarlo.  Y la dolorosa situación de aquellas criaturas cuya necesidad y atención fue postergada, por encontrarse en medio de las disputas del proceso de separación o divorcio, prioridad del momento.
 
Pude ver padres de niños y niñas con discapacidades, con síndrome de down, con autismo y con parálisis cerebral; en la perseverancia, viviendo un día a la vez, sin permitirse expectativas grandes y celebrando los mínimos progresos, firmes en su meta de que sus hijos(as) logren ser lo más independientes, productivos y felices posible.  Otros, luchar sin descanso contra serios padecimientos de salud, que atentan con arrebatarles la vida día a día, y no paran de buscar opciones para ayudarles, ni sucumben ante el sufrimiento.
 
Como protagonista y testigo de la valentía que conlleva implícitamente la enorme labor de cuidar y formar a otro ser humano para que logre autosuficiencia; del esfuerzo físico, emocional y económico que exige; del amor y su fuerza maravillosa, que construye un muro con cada piedra del camino, sin flaquear ante la dificultad y el cansancio porque la motivación es demasiado poderosa, nos dice papá, nos dice mamá; deseo hacer este reconocimiento…
 
A cada padre y madre que no desfallece; que se sustenta en su inmenso amor y se fortalece en la fe; movido por el optimismo de un mejor mañana para su hijo(a), hasta agotar todos los recursos; que, animándose sin rendirse, saca a su niño(a) adelante, tomando su manito, héroes de su historia!   A todas esas maestras y profesores con esa admirable vocación de antaño, que les convertía casi en seres sobrenaturales, capaces de asumir hasta el más difícil de los retos (cuántos habremos sido un reto?!).  A aquellas escuelas que no sacrifican la calidad de la docencia por acrecentar ganancias, comprometidas con el desarrollo humano, con el progreso social, con educar los hombres y mujeres del mañana, no con el lucro.  A aquellos profesionales de la salud relacionados al mundo infantil de hoy, que hacen la diferencia siendo verdaderos servidores, ángeles en la vida de quienes tienen la dicha de encontrárselos en su camino…  A todos y cada uno, mis respetos!!

Nelva Ramos Torres.
nelvaramos@yahoo.com

Este artículo fue escrito por Nelva Ramos Torres para publicarse en www.Panamaparaniños.com.  El contenido corresponde a la opinión de su autora y está protegido por las leyes de Derecho de Autor.  

Etiquetas: profesionales, medicos

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