Un nuevo idioma con música

 
Aprender a tocar un instrumento musical, implica aprender a ser sistemáticamente un multi-tasker [1].  Hacer o interpretar música requiere la combinación de habilidades tales como percepción auditiva y visual, control cenestésico, reconocimiento de patrones, memoria y manejo de los ámbitos sensoriales y cognitivos.
 
Esto suena súper complicado, pero es posible analizarlo de una manera mucho más sencilla cuando lo separamos en bloques.
 
El ritmo es parte fundamental de la música y, aunque no estemos conscientes de ello también lo es del lenguaje.  La manera en la que armamos nuestras frases, cómo empalmamos las palabras con las que nos comunicamos, la forma en la que interpretamos lo que oímos en una conversación o desde cualquier medio, lo hacemos cognitivamente con el filtro rítmico del idioma y el acento propio de nuestra cultura.
 
Ahora bien, cuando un niño o adulto se adentra en la música y comienza a asimilar conscientemente la estructura rítmica necesaria para tocar una canción, al mismo tiempo está desarrollando habilidades que van más allá de sólo descifrar la pieza.
 
La lectura es una de ellas. Comprender el ritmo optimiza radicalmente la forma en la que desglosamos la configuración del mensaje escrito. Desde los poemas hasta los anuncios publicitarios, pasando por nuestra interacción a través de las redes sociales, son susceptibles a ser catapultados a un nivel superior cuando los interpretamos con una visión más sólida y rica en elementos.
 
Entender el tempo, el pulso, el compás, entre otros componentes, expande nuestra capacidad de trasladar esos patrones a nuestro día a día.
 
Por esta razón los estudiantes de música poseen una destacada facilidad para asimilar nuevos idiomas.  Inconscientemente ellos comprenden la base rítmica y los modelos que la lengua trae consigo (el beat, los silencios). Esta característica, junto al reconocimiento de las tonalidades, hace que el camino hacia el aprendizaje de un lenguaje desconocido sea más sencillo (y corto).
 
La sensibilidad a estos cambios provoca en el músico la ampliación de su dimensión perceptiva y una mayor eficiencia en el aprendizaje audiomotor, lo cual se traduce, no sólo en la ejecución instrumental, sino también en la mejora de habilidades tales como la precisión en la pronunciación de lenguas extranjeras o en la presencia de agudeza táctil espacial superior.
 
La música es un puente de comunicación y la lengua utilizada en sus interpretaciones, el ornamento. Siendo así, ¿no tiene sentido entonces que alguien con una inclinación musical determinada, pueda tener construidas las bases de esa plataforma y que en la medida que la cruza y avanza (aprende), se deja llevar por la decoración mientras disfruta la travesía?
 
Ese camino es el que queda grabado, y son esas piezas de adorno las que sirven para armar el rompecabezas del nuevo idioma (y la mejora del propio).
 
Parece sencillo y básico aprender música, ¿cierto?

Por: Dani Vanegas 
School of Rock Panamá

 
[1] Multi-tasker: Persona que realiza dos o más actividades simultáneamente.
Referencias: Karen Chan Barrett, Richard Ashley, Dana L. Strait and Nina Kraus. "Art and science: how musical training shapes the brain" (2013). Frontiers in psychology. Article 713. 1-7 Lab Projects. The Roxelyn and Richard Pepper Department of Communication Sciences and disorders. School of Communication. Northwestern University.

Etiquetas: musica, arte,

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